Evangelio: Salvación y Misión


En los últimos post, vimos algunas partes del camino de Jesús para abrirnos el camino hasta el Padre. Sabemos que, aunque es gratis para nosotros, fue altamente costoso para Jesús. No obstante, Su obra no terminó con la cruz, resurrección y ascensión. Junto con el perdón, nos regaló salvación. ¡WOW! Hoy vamos a estudiar un poco sobre este tema tan apasionante...

...Debemos empezar diciendo que la salvación es parte del propósito de Dios. No sólo en el momento en que Jesús caminó por la tierra, sino desde que Adán y Eva decidieron caminar separados de Él. Como dice en 2 Timoteo 1:9 (NTV): "Pues Dios nos salvó y nos llamó para vivir una vida santa. No lo hizo porque lo mereciéramos, sino porque ese era su plan desde antes del comienzo del tiempo, para mostrarnos su gracia por medio de Cristo Jesús". Es decir, que la salvación nada tiene que ver con las obras (Efesios 2:9) sino con el profundo y eterno amor de Dios para con nosotros ("Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.", 1 Juan 4:9-10, NTV). 

¿Qué verdades podemos extraer de estos versículos? 
  1. Dios nos salvó a nosotros, y no nosotros mismos.
  2. Nos salvó para vivir una vida conforme a sus propósitos, no los nuestros.
  3. No lo merecíamos, pero por Gracia nos concedió la salvación.
  4. Mediante la salvación tenemos vida y vida en abundancia.
  5. Sólo por medio de Jesús es que podemos ser limpios de nuestro pecado, y santificados para la vida eterna (¡En ningún otro hay salvación! Dios no ha dado ningún otro nombre bajo el cielo, mediante el cual podamos ser salvos.", Hechos 4:12, NTV)

Si bien a lo largo de TODA la Biblia se apunta hacia Cristo y a Su obra redentora, en las cartas de Pablo es donde más encontramos los fundamentos teológicos para la fe cristiana, que nos ayudan a comprender mejor qué tipo de vida Dios quiere que tengamos. Primero, en la carta a los Romanos (10:10, NTV) el apóstol dice: 
"Pues es por creer en tu corazón que eres hecho justo a los ojos de Dios y es por declarar abiertamente tu fe que eres salvo."
¿Qué significa? Que, por un lado, es necesario que sepamos y creamos que con la muerte y resurrección de Cristo, somos hechos justos delante de Dios. No por hacer buenas obras, ni por tener "buenos" pensamientos. Tampoco por esforzarme ni castigarme. Sino, POR LA OBRA DE JESÚS, el único sacrificio perfecto. (Perdón si me vuelvo reiterativa respecto a este punto pero es importante comprender lo que Dios nos quiere decir respecto a esto porque como cristianos, con frecuencia caemos en el error de pensar que las cosas nos salen mal porque no estamos haciendo lo suficiente, o que Dios no nos responde una oración porque no está satisfecho con nosotros; quizás pensamos que "hay que hacer algo más"...eso no hace más que insultar lo que Jesús vino a hacer. Le estamos diciendo a Dios que la muerte de Su Hijo no fue suficiente para nosotros. Que no necesitábamos de Él porque podemos corregirnos nosotros solos. Pero, si volvemos a la Palabra de Dios, tenemos por seguro que Él ya cumplió la sentencia por nosotros. Ya pagó nuestra fianza). 
Por otro lado, nos habla de "declarar abiertamente" nuestra fe. ¿O sea? ¡Contá tu testimonio! Contá qué es lo que Dios hizo en tu vida, cómo transformó tu corazón y tu mente con Su poder. Dejá que los cambios en vos den cuenta de cada cosa en la que Dios puso su mano. En este punto, Jesús nos alerta (y nos alienta): 
"Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo." (Mateo 10:22, RV1960)

Siempre que Dios menciona una prueba, un momento difícil o algo que parece un desafío imposible, lo acompaña de una promesa. Y no sólo eso...aunque en el final experimentaremos nuestra salvación de forma plena, no es necesario esperar un segundo más para tomarla. EL TIEMPO ES HOY.

"Pues Dios dice:
«En el momento preciso, te oí.
En el día de salvación te ayudé»
Efectivamente, el «momento preciso» es ahora. Hoy es el día de salvación." (2 Corintios 6:2, NTV)
Todo lo que tenés que hacer en este momento es confesar a Jesús como Señor y Salvador, creyendo que Él murió y resucitó para perdón de tus pecados, como parte del propósito eterno de Dios de reconciliarte con Él. 

Pero...aun hay algo más que Dios quiere darte...
...¡UNA MISIÓN!

¿Qué clase de misión podría dar Dios a seres humanos e imperfectos como nosotros? ¿Por qué? Ambas preguntas son fáciles de responder. En primer lugar, Jesús preparó discípulos y les enseñó durante toda su vida cómo Él esperaba que ellos trataran a otros cuando ya no estuviera (físicamente) en el mundo. Con el ejemplo les (nos) mostró que es necesario tratar con respeto, humildad y compasión, además de hablar siempre con la verdad, más allá de a quién pueda ofender o si puede causar que nos den la espalda o persigan. Su lema sería "AMAR, HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS". Su idea era (y ES) que con nuestro testimonio, invitemos a más personas a abrazar el evangelio y así poder experimentar el increíble poder de la Gracia. De hecho, su último discurso antes de ascender a los cielos fue:
"Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por lo tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñen a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les he dado. Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos»" (Mateo 28:18-20, NTV)

De nuevo, tras el mandato (hacer discípulos, bautizar y enseñar), vino la promesa: su compañía, aliento y presencia por el resto de la vida. 

¿Aceptas?


Comentarios

Entradas populares