Evangelio: Perdón

La Biblia, repleta de personas, nos cuenta historias de gente imperfecta. 

Una de esas historias es la de la mujer adúltera relatada en Juan 8:1-11. Un día, los fariseos trajeron delante de Jesús a una mujer que había sido descubierta cometiendo adulterio. Según la ley, debía ser muerta (Levítico 20:10). Lo que no conocemos acerca de la circunstancia es si ella estaba casada (o no) o si estaba comprometida (o no). Es importante tener eso en cuenta, porque la ley variaba dependiendo de la situación. John MacArthur, en su Biblia de estudio, explica (a partir de Deuteronomio 22:22-29): 

"El adulterio era castigado con la muerte para los DOS encontrados en el acto. Si las personas adúlteras eran un hombre con una mujer que estaba comprometida a casarse con alguien más, este acto en el que había consentimiento mutuo llevaba a la muerte de ambas partes (vv.23-24). No obstante, si el hombre forzaba (violaba) a la mujer, entonces sólo la vida del hombre era requerida (vv.25-27). Si la mujer era una virgen no comprometida en matrimonio, entonces el hombre tenía que pagar una multa, casarse con la joven, y mantenerla como su mujer mientras él viviera (vv.28-29)".

Un indicio de que estos fariseos no estaban interesados en hacer justicia era que el hombre con el que la mujer había adulterado, no había sido llevado ante Jesús (tal como decía la ley). Muchas veces, nuestros enemigos querrán acusarnos de cosas que son verdad (en este caso el adulterio) sólo para sentirse "mejor" delante de otros. Ni siquiera les va a importar el daño que nos causen o la exposición a la que nos arrojen. (¡OJO! Tengamos también cuidado de no convertirnos en los fariseos de alguien más.)

Pero volviendo a la historia, seguramente muchas veces te sentiste avergonzado/a de cosas que no hablaste con nadie o débil ante acusaciones que, si bien son ciertas, preferirías que no hayan hecho públicas. Sin embargo...ocurre algo interesante a partir de esto:

  1. Dios ya te conoce: "Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre. (...). Tú me observabas mientras iba cobrando forma en secreto, (...). Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara." (Salmos 139:13-16, NTV). Nada de lo que hagas, pienses o sientas queda por fuera de la soberanía de Dios. Y, ¿a que no sabes? ¡Él no se horroriza con nuestros pecados! Pero SÍ QUIERE DARTE UN NUEVO COMIENZO. En Isaías 1:18 (NTV) dice: "Vengan ahora. Vamos a resolver este asunto—dice el Señor—.Aunque sus pecados sean como la escarlata, yo los haré tan blancos como la nieve".
  2. Sólo Dios te puede perdonar y lo que Él perdona, no vuelve a ser recordado: "¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados." (Miqueas 7:18-19, RV1960)
  3. El perdón implica que alguien toma nuestro lugar, y se derrama sangre: en el A.T, era un sacrificio animal el que se ofrecía como sustituto de la vida humana. En el N.T, fue el cuerpo de Cristo (Su sangre) la que sustituyó la nuestra, de una vez y para siempre. Hebreos 9:24-26 (RV1960) afirma: "Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado".
  4. El perdón debería ser acompañado con un cambio de vida, mente y corazón: Jesús le dijo a la mujer adúltera: "Yo tampoco te condeno. Vete, y no peques más" (Juan 8:11, RV1960)
"Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.
Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida." (Romanos 5:6-10, RV1960)




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