La semilla debe morir

"No sembrarás tu viña con semillas diversas, no sea que se pierda todo, tanto la semilla que sembraste como el fruto de la viña." (Deuteronomio 22:9, RV1960).
Deuteronomio es uno de los libros del A.T. que registra muchas de las leyes que Dios mismo había elaborado para el pueblo de Israel antes de entrar en la Tierra Prometida. ¿Por qué le interesaría al Señor hacer una mención especial prohibiendo plantar semillas distintas en el mismo lugar? Pues, al leer los libros anteriores (y posteriores), queda claro el deseo de Dios de tener un pueblo santo porque Él lo es (Levítico 11:44, 1 Pedro 1:15). Los había liberado del yugo de esclavitud de Egipto y los estaba conduciendo hacia la tierra que tantos años atrás había prometido entregar a Abraham para que, por medio de su descendencia, fuesen benditas todas las naciones. Ése era (y es) el propósito que Dios tiene para Su pueblo escogido y, para que eso se cumpliera, era necesario que ellos no adoptaran las costumbres de los pueblos paganos que los rodeaban sino que en su santidad se vería la diferencia. Finalmente es en el Monte Sinaí donde el pueblo de Israel sella el Pacto con Dios (Éxodo 19-20). Allí es donde se establecen los Diez Mandamientos, que no apuntaban principalmente a la moralidad de las personas sino a su vida espiritual y unida a Dios. 
¿Qué tiene que ver esto con el versículo de las semillas diferentes? Bueno, en primer lugar, Israel era un pueblo ante todo agrícola y por ende, Dios estaba dándoles una ley práctica para que sus cultivos no se echaran a perder. PERO, como el Señor es infinitamente inteligente y creativo, también estaba refiriéndose a la necesidad de mantenerse apartados (que es el significado del hebreo qadoš que quiere decir "santo"). Ahora, vamos a tratar de aplicar esta idea de la semilla a la actualidad. 
¿Nunca te pasó que cuando estás con algún grupo de personas, sin darte cuenta empezás a hablar como ellos e incluso algunas ideas te parecen razonables y hasta interesantes? Confieso que yo sí. A veces también se me "pegan" ciertas palabras que en mi vocabulario diario evito usar o gestos que sé que no son de ninguna edificación (no estoy diciendo que esas personas lo hagan con mala intención ni a propósito, pero sí afirmo que es responsabilidad de nosotros revisar qué cosas (semillas) estamos dejando que crezcan junto a la nuestra). Como explica John MacArthur en su Biblia de Estudio: "Una semilla que se planta en la tierra muere porque al descomponerse deja de existir en su forma de semilla, pero de la semilla muerta brota vida" (2015, p. 1606). Sabemos que las semillas, al ir alimentándolas crecen y echan raíces. Es decir: a las que más nutras, son las que más frutos darán.

Llegados aquí, quizás sería interesante ver qué dijo Jesús respecto de las semillas y cómo las relacionó con la muerte. Juan 12:24 NTV dice:
"Les digo la verdad, el grano de trigo, a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo. Sin embargo, su muerte producirá muchos granos nuevos, una abundante cosecha de nuevas vidas."

Jesús pronunció estas palabras tras haber entrado triunfalmente el Jerusalén. Sin embargo, Él estaba muy entristecido (vv. 12:27-28) por lo que habría de acontecerle pronto: el Mesías estaba anunciando Su muerte. Se identificó a sí mismo como un grano sembrado en tierra que debía morir ("a menos que"); no obstante, Jesús no se detuvo en Su muerte. Él prometió que ese hecho era fundamental para que nuevas personas creyeran y entraran al Reino ("granos nuevos" = "vidas nuevas"). Su muerte (y resurrección) fueron, SON y serán Su obra restauradora. ¿Cómo se aplica todo esto a nosotros hoy? 

Antes, voy a introducir una verdad bíblica que se repite a lo largo de toda la Escritura y es que "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23). Sabemos lo que es pecado porque Dios lo deja explícito en los Diez Mandamientos ya mencionados (que por cierto fundamentan muchísimas de nuestras leyes cívicas) y porque, aún sin ellos, Él ha dejado eso inscripto en nuestros corazones "de modo que no tienen excusa" (Romanos 1:18-20). Entonces la pregunta sería: dado que todos debemos morir en algún momento, ¿lo haremos solos o EN Jesús? Esa elección, gracias a Dios, nos pertenece de forma personal. Pablo, en esta carta a los romanos, sugiere una respuesta:

"Ahora bien, ¿deberíamos seguir pecando para que Dios nos muestre más y más su gracia maravillosa?  ¡Por supuesto que no! Nosotros hemos muerto al pecado, entonces, ¿cómo es posible que sigamos viviendo en pecado? ¿O acaso olvidaron que, cuando fuimos unidos a Cristo Jesús en el bautismo, nos unimos a él en su muerte? Pues hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo; y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva." (Romanos 6:1-4, NTV)

El bautismo al que se refiere es al bautismo espiritual que recibimos cuando aceptamos a Cristo y quedamos unidos e identificados con Él (claro que el bautismo en agua es un simbolismo externo de esa verdad interna). Nosotros nos convertimos en semillas plantadas cerca del árbol principal (o la viña, como Jesús se llama a sí mismo) y gracias a eso, podemos tener nueva vida en Cristo. Esta nueva relación implica también nuevos frutos. Ya no producimos frutos de muerte (pecado) sino que producimos frutos de bondad, justicia y verdad (Efesios 5:9). En 1 Juan 3:9 el apóstol también nos dice que "todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios". 

¿Dios está diciendo que tenemos dos naturalezas opuestas (la del pecado/la regenerada) que luchan dentro de nosotros? NO. Lo que sí está queriendo decir es que la nueva vida sigue "dentro" de la carne no redimida aún, tal como el fruto está dentro de la semilla y sólo se transforma cuando esta muere completamente. En otras palabras: cuando aceptamos a Jesús en nuestras vidas tenemos la CERTEZA de que somos perdonados, santificados (apartados) y justificados delante de Dios. Eso YA ESTÁ HECHO por Cristo en nuestro lugar. Nuestro futuro es la GLORIFICACIÓN, ser completamente como Jesús. Pero, para eso, cada día debemos morir. Ya no estamos obligados a producir malos frutos porque fuimos liberados para hacer aquello que agrada a Dios y que nos da vida tanto a nosotros como a quienes nos rodean. A veces podemos fallar, porque nuestro cuerpo (mente/corazón) sigue siendo corruptible; aún así, continuamos la carrera hacia una meta fija, incorruptible, y con una hermosa promesa por parte de Dios para quienes permanezcan:

"Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán" (Salmos 126:5, RV1960)

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