La semilla debe morir
"No sembrarás tu viña con semillas diversas, no sea que se pierda todo, tanto la semilla que sembraste como el fruto de la viña." (Deuteronomio 22:9, RV1960).
"Les digo la verdad, el grano de trigo, a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo. Sin embargo, su muerte producirá muchos granos nuevos, una abundante cosecha de nuevas vidas."
Jesús pronunció estas palabras tras haber entrado triunfalmente el Jerusalén. Sin embargo, Él estaba muy entristecido (vv. 12:27-28) por lo que habría de acontecerle pronto: el Mesías estaba anunciando Su muerte. Se identificó a sí mismo como un grano sembrado en tierra que debía morir ("a menos que"); no obstante, Jesús no se detuvo en Su muerte. Él prometió que ese hecho era fundamental para que nuevas personas creyeran y entraran al Reino ("granos nuevos" = "vidas nuevas"). Su muerte (y resurrección) fueron, SON y serán Su obra restauradora. ¿Cómo se aplica todo esto a nosotros hoy?
Antes, voy a introducir una verdad bíblica que se repite a lo largo de toda la Escritura y es que "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23). Sabemos lo que es pecado porque Dios lo deja explícito en los Diez Mandamientos ya mencionados (que por cierto fundamentan muchísimas de nuestras leyes cívicas) y porque, aún sin ellos, Él ha dejado eso inscripto en nuestros corazones "de modo que no tienen excusa" (Romanos 1:18-20). Entonces la pregunta sería: dado que todos debemos morir en algún momento, ¿lo haremos solos o EN Jesús? Esa elección, gracias a Dios, nos pertenece de forma personal. Pablo, en esta carta a los romanos, sugiere una respuesta:
"Ahora bien, ¿deberíamos seguir pecando para que Dios nos muestre más y más su gracia maravillosa? ¡Por supuesto que no! Nosotros hemos muerto al pecado, entonces, ¿cómo es posible que sigamos viviendo en pecado? ¿O acaso olvidaron que, cuando fuimos unidos a Cristo Jesús en el bautismo, nos unimos a él en su muerte? Pues hemos muerto y fuimos sepultados con Cristo mediante el bautismo; y tal como Cristo fue levantado de los muertos por el poder glorioso del Padre, ahora nosotros también podemos vivir una vida nueva." (Romanos 6:1-4, NTV)
El bautismo al que se refiere es al bautismo espiritual que recibimos cuando aceptamos a Cristo y quedamos unidos e identificados con Él (claro que el bautismo en agua es un simbolismo externo de esa verdad interna). Nosotros nos convertimos en semillas plantadas cerca del árbol principal (o la viña, como Jesús se llama a sí mismo) y gracias a eso, podemos tener nueva vida en Cristo. Esta nueva relación implica también nuevos frutos. Ya no producimos frutos de muerte (pecado) sino que producimos frutos de bondad, justicia y verdad (Efesios 5:9). En 1 Juan 3:9 el apóstol también nos dice que "todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios".
¿Dios está diciendo que tenemos dos naturalezas opuestas (la del pecado/la regenerada) que luchan dentro de nosotros? NO. Lo que sí está queriendo decir es que la nueva vida sigue "dentro" de la carne no redimida aún, tal como el fruto está dentro de la semilla y sólo se transforma cuando esta muere completamente. En otras palabras: cuando aceptamos a Jesús en nuestras vidas tenemos la CERTEZA de que somos perdonados, santificados (apartados) y justificados delante de Dios. Eso YA ESTÁ HECHO por Cristo en nuestro lugar. Nuestro futuro es la GLORIFICACIÓN, ser completamente como Jesús. Pero, para eso, cada día debemos morir. Ya no estamos obligados a producir malos frutos porque fuimos liberados para hacer aquello que agrada a Dios y que nos da vida tanto a nosotros como a quienes nos rodean. A veces podemos fallar, porque nuestro cuerpo (mente/corazón) sigue siendo corruptible; aún así, continuamos la carrera hacia una meta fija, incorruptible, y con una hermosa promesa por parte de Dios para quienes permanezcan:
"Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán" (Salmos 126:5, RV1960)


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