Un trasplante de corazón, ¡urgente!
Hace un tiempo atrás, cuando escuchaba el testimonio de otros cristianos acerca de lo que ellos se permitían y no se permitían en su vida, pensaba que su radicalismo se había tornado en extremista. Cada vez que alguien decía "no escucho cierta música" o "no veo tal tipo de películas" ni "leo esta clase de libros", mi naturaleza (entiéndase carne), internamente decía "No puede ser. Tampoco es para tanto. Si conoces a Dios, no te tienen por qué afectar esas cosas". PERO (siempre hay un pero), durante los últimos días, el Espíritu Santo estuvo poniendo en mí el deseo de revisar este tema.
Todo empezó un día que estaba escuchando música en Spotify. La plataforma tiende a recomendarte artistas y música dependiendo de lo que escuchás habitualmente. A mí me gusta el rock y sus derivados y generalmente me mantengo en esa línea. Así fue como la aplicación me sugirió una banda que, a decir verdad, musicalmente sonaba muy bien. Armónico, prolijo, producido con especial interés a pesar de que su nombre no fuera muy esperanzador. Inmediatamente, algo dentro mío me hizo buscar información sobre el artista y lo que encontré fue lo que desencadenó todos mis pensamientos acerca de lo que debía dejar entrar (o no) en mi vida. (No es necesario entrar en detalles para llegar a la conclusión de que eliminé el álbum de mi biblioteca y, junto con ese artista, se fueron yendo muchos otros).
Como si Dios quisiera reforzar el mensaje (y seguramente esa fue Su intención), el domingo en la reunión de la iglesia a donde asisto, el pastor predicó sobre el mismo tópico. ¡Imagínense la sorpresa mía! Uno de los pasajes que usó para ilustrar el tema fue el Salmo 103:3 (NVI):
"No me pondré como metanada en que haya perversidad."
Hoy, mientras leía la Biblia buscando pasajes que trataran este tema, Dios me llevó a Romanos 8:3-6, donde Pablo explica la diferencia entre estar bajo la Ley y estar bajo la Gracia. Cito el texto en extensión para que lo analicemos.
"Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz."
- En nuestra carne (naturaleza humana, caída) somos débiles para cumplir la Ley que Dios creó para nosotros, para que fuésemos santos en Su presencia.
- Por esa debilidad, fue necesario que Dios se encarnase por medio de Jesús y de esa manera, el pecado muriese en nosotros junto con Él.
- Esa muerte (física) de Jesús provocó que la Ley (espiritual) se cumpliese en nosotros para que pudiésemos resucitar (en espíritu ahora, y físicamente glorificados cuando Jesús regrese)
Jesús logró la expiación de nuestros pecados por nosotros y nos restauró en la relación con Dios. Cuando lo aceptamos como Señor y Salvador, el Espíritu Santo comienza el proceso de REGENERACIÓN y SANTIFICACIÓN (lo que Jesús llama "nuevo nacimiento"). A partir de entonces, el Espíritu Santo es quien nos convence de pecado y de la necesidad de perdón.
Aclarado esto, podemos seguir con lo que quedaba:
- Ahora que pertenecemos a Cristo, estamos llamados a dejar que Su Espíritu moldee en nosotros un corazón conforme al Suyo y una mente a Su imagen.
- Conocer cada día más a Dios y ser siervos suyos imitando a Cristo, es lo único que nos otorga paz, vida (y en abundancia).
"Entonces los rociaré con agua pura y quedarán limpios. Lavaré su inmundicia y dejarán de rendir culto a ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo." (Ezequiel 36:25-26, NTV)



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