"¿Por qué estás tan enojado?"

¿Qué es el enojo? El diccionario lo define como "una alteración anímica que genera irritación, rabia y/o afán de venganza" cuando nos sentimos contrariados por las palabras o acciones de alguien más. 

En la Biblia, hay una historia muy trágica (y universalmente conocida), que comienza con una persona muy enojada. ¿Quién es? Pues Caín, uno de los hijos de Adán y Eva. Su historia se relata en el capítulo 4 del libro de Génesis. 

Una de las cosas que más me llaman la atención acerca de esta historia es lo poco que tarda en aparecer en el relato bíblico. El primer asesinato en la historia del mundo, sucede tan sólo tres capítulos después de haber sido creado el mundo. Si bien no sabemos cuánto tiempo pasó entre el capítulo primero y el cuarto, es curiosa la forma en que el primer pecado (la desobediencia a Dios y la autosuficiencia de Adán y Eva) desencadenó en un horrible desenlace. 

La Palabra nos cuenta que Caín era labrador de la tierra mientras que su hermano Abel se dedicaba a cuidar de las ovejas. Con el tiempo de la cosecha, ambos presentaron sus ofrendas delante del Señor pero, por alguna razón, Dios vio con agrado la ofrenda de Abel pero no la de Caín. En ese contexto, le pregunta a este por qué decayó su semblante y le afirma que si hiciera correctamente, sería aceptado. 

¿Por qué? 

Durante muchos meses, antes de tener mi encuentro con Dios, me hice esa pregunta. ¿Por qué razón aceptaba a uno y al otro no? ¿Estaba Dios siendo parcial? ¿Por qué el rostro de Caín estaba decaído? Yo sostenía que Dios había empujado a Caín a cometer el pecado de matar a su propio hermano al crear una rivalidad entre ellos. ¡PERO! Luego de conocer a Dios realmente, me reveló la respuesta a esta pregunta:
Después de anunciar que el tiempo de la cosecha había llegado, la Palabra dice: "Caín presentó algunos de sus cultivos como ofrenda para el Señor. Abel también presentó una ofrenda: las mejores partes de algunos de los corderos que eran primeras crías de su rebaño" (Génesis 4: 3-4, NTV). Este detalle es de SUMA IMPORTANCIA para entender algunas cuestiones: 
  • Caín no había establecido una correcta relación con Dios y por eso no le brindó lo MEJOR de lo que había producido. En cambio, Abel, parecía tener un corazón recto para con el Señor y por eso le ofrendó lo mejor de lo que tenía.
Que Dios no aceptara su ofrenda provocó que Caín se enojara mucho y luciera decaído (Génesis 4:5, NTV). 

  • La negativa de Dios, en lugar de hacerle preguntarse sobre el estado de su corazón, encendió la ira en él.
Enseguida Dios lo interpela y le pregunta: "«¿Por qué estás tan enojado?—preguntó el Señor a Caín—. ¿Por qué te ves tan decaído? Serás aceptado si haces lo correcto, pero si te niegas a hacer lo correcto, entonces, ¡ten cuidado! El pecado está a la puerta, al acecho y ansioso por controlarte; pero tú debes dominarlo y ser su amo»" (Génesis 4:6-7, NTV).
  • Dios se preocupó por Él y le advirtió que no dejara crecer la semilla del enojo en su corazón, porque tal cosa desencadenaría en un gran pecado. Y no sólo eso: ¡estaba alentándolo a buscar fuerzas en Él y dominarlo! 

Tristemente, todos conocemos cómo terminó la historia, tanto para Caín como para Abel. ¿Qué pasó? Antes de juzgar a Caín, pensemos en todas las veces que el enojo provocó nuestras (malas) decisiones. ¿Acaso Dios no nos advirtió? La Biblia está repleta de episodios donde el pueblo, o ciertas personas, están a punto de tomar los caminos equivocados y Dios hace presencia (de diferentes maneras) para hacerlos entrar en razón. En este caso, fue el Señor mismo quien se paró ante Caín para hacerle notar que en su corazón no se estaban albergando cosas buenas. En el caso del pueblo de Israel, 2 Crónicas 24:19 nos dice que "el Señor envió profetas para que el pueblo se volviera a él. Los profetas advirtieron al pueblo, pero aun así ellos no quisieron escuchar". ¿Y nosotros? Pues, al recibir a Cristo como Señor y Salvador de nuestras vidas, Dios en Su misericordia y gracia nos entrega Su Espíritu Santo. Éste es quién se encarga de consolarnos, animarnos pero también (y no menos importante) de amonestarnos. Pues "no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio" (2 Timoteo 1:7, RV1960).

¿Hace cuánto no sentís el Espíritu de Dios llamándote a hacer una revisión? Quizás preferiste racionalizar tu pecado...decir: "es mi personalidad". No estoy juzgándote. Hablo del tema de primera mano. Soy una persona que suele enojarse con bastante facilidad y, lo que es peor, con demasiada frecuencia. La semana pasada, el Señor me llamó mucho la atención respecto a este tema (¡Y gracias a Él que lo hizo!). Me hizo notar que cada vez que yo habría mis labios, pretendiendo sonar inocente, causaba un descontento general a mi alrededor: todos terminábamos peleando y gritando. Luego, en la intimidad de mi habitación, el Espíritu Santo me reprendía. Literalmente pude sentir a Dios diciéndome lo roto que quedaba Su corazón cada vez que yo escupía ,cual veneno, palabras vanas. Me avergoncé muchísimo, le pedí perdón y le rogué que me ayude a arrancar esa raíz de mi vieja naturaleza. Yo no quiero ser un Caín. Y estoy segura que vos tampoco. 

Esta es la oración que hice ese día, por si te sirve de ayuda:

"Señor: te pido perdón por albergar sentimientos tan feos dentro de mi corazón y por causarle dolor a Tu Espíritu Santo con mi falta de misericordia y compasión. Perdón por ser orgullosa y rencorosa, en vez de mostrar amor y gracia a quienes no te conocen aún. Hoy más que nunca clamo a Tí para que pongas en mí un corazón limpio y un espíritu recto. Gracias por Tu paciencia, que no merezco. Amén"

Comentarios

Entradas populares